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Felipe

Cuadros

Colombia

Este cucuteño dejó de ser cocinero para convertirse en empresario gastronómico. 

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Hace quince años era un joven estudiante que desempacaba sus maletas en Bogotá, con el único propósito de continuar su formación profesional en el área del diseño industrial. Sin embargo, su instinto de supervivencia trajo consigo un particular interés por la cocina. No lo planeó, pero sí se dejó contagiar por el aroma, el sabor y la sazón del arte culinario. 

us planes se terminaron mezclando con su inquietud por la gastronomía, un tema que le causó tal fascinación, que llegó a convertirse en una opción de vida. 

Felipe Cuadros, un cucuteño que dejó de ser cocinero para convertirse en empresario, puso sus ideas en dos prometedores proyectos que involucran el emprendimiento gastronómico y la restauración. “Estamos en un mismo negocio, en dos etapas diferentes: ‘Umami Cocina Estudio’ es una empresa que presta asesoría en el montaje de restaurantes; en ella soy gerente y desarrollador de proyectos senior. Y la otra unidad de negocio es ‘Back- Bone’, con la que brindamos soporte a los restaurantes en los temas de inversión y acompañamos la buena gestión administrativa”. 

Actualmente, ‘Back-Bone’ está gestionando la llegada a Bogotá del restaurante Osaka, una franquicia peruana de comida nikkei (una milenaria fusión de la cocina peruana con la cocina japonesa). Hasta hoy no solo ha garantizado la buena inversión de sus clientes sino el éxito de las empresas que están bajo su constante asesoría. 

 

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Y su gusto por la gastronomía…

Se formó como cocinero en Bogotá, donde su perspectiva sobre la gastronomía cambió totalmente para convertirse en una pasión constante de aprendizaje, crecimiento y emprendimiento. De Cúcuta, en términos culinarios, recuerda esos sabores típicos que conservan las familias y que por tradición parecen transmitirse de generación en generación. “Tenemos una alta influencia de Venezuela, es decir, en costumbres, ingredientes y sabores, que es algo muy parecido a lo que sucede con los rasgos culturales que caracterizan a los cucuteños. De esa misma forma sucede con la gastronomía”.  

Sin embargo, su experiencia en el sector le ha dado los argumentos necesarios para decir que en Norte de Santander se ha desaprovechado la riqueza gastronómica que existe y que permitiría hacer propuestas representativas para la región. Los cucuteños, en su criterio, aún no han dimensionado el valor de la sazón, el sabor y los ingredientes que tienen a su alcance y que les permitiría transcender con una propuesta de turismo gastronómico  que capte la atención de los visitantes.

“Lo único que conocemos es el mute y los pasteles, que sin duda alguna son majestuosos, pero que difícilmente se pueden llevar a las altas cocinas. Le apostaría a las hayacas, a las que hemos adoptado como propias aunque sean un producto venezolano. Las hayacas podrían funcionar como parte del concepto de un restaurante. Soy más de conceptos que de platos, el restaurante se llamaría ‘Tamal’ y  tendría 50 “tamales” de todo el mundo”.

Para Felipe Cuadros, aunque la gastronomía típica cucuteña ha creado espacios en Bogotá, con restaurantes como ‘Avenida Cero’, aún falta fomentar el rescate de las auténticas recetas que se han perdido con el tiempo.
 

*Por: Mónica Melgarejo 

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