
La ruta de los yogures artesanales en Norte de Santander
Cremoso, saludable y asequible. El yogur es uno de los productos lácteos favoritos por los colombianos, por lo que es normal que esté presente dentro del menú diario de miles de familias a lo largo del territorio.
En Norte de Santander, no sólo podemos disfrutar de este fermentado de la leche por medio de marcas comerciales que se expenden en supermercados y cafeterías. También existe un nicho de mercado compuesto por microempresas familiares que se dedican a elaborarlo de forma artesanal.
Con las recetas familiares, muchos emprendedores de la región han construido sus propias plantas de producción para elaborar este manjar. Las plantas tienen adecuadas unas áreas de pasteurización, enfriamiento, preparación y envasado.
Primero, la leche se somete a altas temperaturas para eliminar las bacterias presentes en el líquido; luego se lleva al área de enfriamiento, para que vuelva a la temperatura ambiente; y posteriormente, se le agrega el cultivo de yogur para que adquiera la textura viscosa. Cuando está lista, se mezcla con el saborizante y la fruta. Después de ello, viene la refrigeración y el envasado.
El proceso tarda entre uno o dos días. Al igual que con el queso o el arequipe, los productos que se preparan con leche deben elaborarse con todas las medidas pertinentes para evitar cualquier alteración de calidad. El resultado son yogures de textura cremosa con trozos de fruta, de los más variados sabores, que no tienen nada que envidiarle a los grandes del mercado.
Por eso, es necesario que esté atento a los yogures artesanales que compra en la calle. Pues uno que pierde su color, que se vuelve espumoso, que toma un sabor fermentado o cuyo envase está inflado, no es apto para su consumo y puede ser perjudicial para la salud. Es importante le revise la fecha de vencimiento. Si no la tiene, consulte con el vendedor.
Recibida esta información, a continuación le presentamos la primera parte de ‘La ruta del yogur’, trazada por el equipo de Deléitese para mostrarle algunos de los que se producen en la región. En esta primera entrega le presentaremos dos opciones que son excelente plan para visitar el fin de semana.
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Camino a Lactti-Fresh
El recorrido inicia a las afueras de Cúcuta, donde predomina el clima fresco y el infinito verdor de nuestros paisajes. La primera parada de la ruta es en el kilómetro 14 de la vereda Los Vados, a unos cinco minutos del municipio Los Patios. Si va en su vehículo en dirección Cúcuta-Pamplona, a su derecha encontrará una tienda en la planta baja de una casa de dos pisos. El establecimiento se llama Lactti-Fresh, aunque es difícil reconocerlo a primera vista, con un poco de atención lo localizará y no se arrepentirá.
Allí encontrará a Don Alberto, quien prepara yogures desde 1982 y con su esposa Jackeline, reciben a diario a decenas de pobladores, transportistas y turistas para ofrecerles las bondades de este producto lácteo.
La fórmula de elaboración la aprendió en Bogotá con un ingeniero de alimentos para quien trabajaba. Pronto comenzó a distribuir sus productos en cafeterías, panaderías y hogares de la región. Así, paso por paso fue consolidando sus yogures en el gusto popular. Su marca Lactti-Fresh la registró hace 3 años.
Con los sabores ha sido todo un experimento. Don Alberto los ha ido descubriendo con la infalible fórmula de ensayo y error. El delicioso resultado viene envasado en tres presentaciones: 240 miligramos (individual); 1 litro y 2 litros.
Actualmente, usted puede probar diferentes opciones: fresa, melocotón, mora, kiwi y kumis. Su paladar se decantará con otras presentaciones como la de guanábana o piña o menos comunes como la de yogur de ron con pasas y brevas con arequipe.
En esta microempresa trabajan con frutas de cosechas, por lo que productos como el yogur de mango solo se consiguen en ciertas épocas del año. Como casi todos los que hacen productos artesanales, los insumos los obtiene de proveedores de la región. Por ejemplo, la leche la trae de la vereda La Mutis y las frutas las selecciona el mismo don Alberto, en Cenabastos.
Lactti- Fresh es uno de los pocos productos artesanales en la ciudad que cuenta con registro otorgado por el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima), por lo cual, mantiene su planta de acuerdo a los lineamientos que indica la ley y sus productos tienen impresos la fecha de vencimiento.
Rumbo a ‘La Granadina’
Más adelante, en la vereda La Garita, usted se encontrará con 'La Granadina', la segunda parada de esta ruta del yogur. Está ubicado específicamente en el kilómetro 10, en dirección Pamplona-Cúcuta, por lo que debe tomar el retorno para llegar.
A medida que se acerca al destino, se sentirá atraído por el aroma a carne oreada, ya que esta zona se caracteriza por ser un pequeño sector de ganado y de restaurantes. Los fines de semana recibe a visitantes de distintos municipios de Norte de Santander, que asisten para desayunar, almorzar o compartir un postre en La Granadina.
Allí puede comprar sus famosos yogures de cuatro sabores: melocotón, fresa, kiwi y guanábana, en tres presentaciones para escoger: envase personal de 250 ml, 1 litro o 2 litros. También tienen a la venta el famoso “queso de mano”, el de hoja, doble crema y requesón, además de dulces, cremas para untar y almojábanas.
Pero más allá de los productos, La Granadina es un sitio lleno de historia. Es una casona colonial con aspecto rústico, de vigas y columnas de madera, paredes blancas de tiza y techo muy alto. Al entrar se encontrará con una vitrina donde están exhibidos todos los productos que en la finca se producen.
Sus muros son una galería repleta de reconocimientos obtenidos en numerosas competencias de caballos de paso, pertenecientes a la familia que administra la finca.
Fuera del establecimiento, el ambiente campestre lo invitará a sentarse a comer en las mesas de madera repartidas en el lugar, aunque muchos prefieren llevarse los productos a casa, por lo concurrido del lugar.
Le compartimos algunas imágenes de nuestro recorrido:
En una próxima entrega, le traeremos dos microempresas asentadas en Chinácota. ¡Espérela!
*Por: H. Espinosa / A. Pepe
*Fotos: Rodrigo Sandoval