
Food Trucks, un negocio sobre ruedas
El vertiginoso ritmo de vida actual ha hecho cambiar la forma de comer. Los comensales buscan ahorrar tiempo y vivir experiencias alimenticias en espacios abiertos e informales.
Por eso, dentro de las tendencias gastronómicas que siguen en boga en Colombia son los ‘food truck’, camiones adaptados para preparar alimentos, que se desplazan de un lugar a otro ofreciendo alguna oferta culinaria, en especial, relacionada con comida rápida.
Aunque no existen cifras precisas, se calcula que en todo el territorio colombiano existen más de 300 food trucks, especializados en ventas de hamburguesas, perros calientes, pizzas, postres, etc. En febrero pasado, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo anunció que estaba trabajando en un estudio de mercado para identificar toda la oferta gastronómica del país, incluída este nuevo modelo de negocio.
Mientras se esperan los resultados, estos negocios rodantes siguen complaciendo paladares y simplificando la forma de comer y disfrutar de la comida rápida fuera de casa.
Caso de éxito en Cúcuta
Rolling Food Truck y Garden Food Truck forman parte de este concepto en Cúcuta. A través de 2 modernos camiones (uno, habilitado para cocinar y el otro, para preparar cocteles) -tal como dicta la tendencia nacida en los años 50 en Estados Unidos-, le brindan la posibilidad a los cucuteños de disfrutar de comidas rápidas y cocteles.
En Rolling, por ejemplo, los comensales encuentran hamburguesas, perros calientes, picadas, alitas de pollo y otras delicias, que son preparadas frente a sus ojos y bajo todas las normas de higiene alimentaria.
En tanto, la especialidad de en Garden Cocktail Truck son los cocteles. En la carta también resaltan los granizados, licores nacionales y marcas de bebidas con alcohol importadas.
“Todo comenzó como una idea de negocio de cinco amigos. Una propuesta que se diferenciara de los restaurantes que ya existían en la ciudad”, explicó Alberto Moros, actual gerente de ambos establecimientos.
En este proceso, consiguieron adaptar un camión para instalar una cocina, sistemas de limpieza y depósito de desechos de forma adecuada en un espacio pequeño que permite el tránsito del personal y el almacenamiento de alimentos para realizar los platos. Lo mismo ocurrió en el caso de Garden.
El concepto itinerante (que se mueve de un lugar a otro) del food truck gustó, pero tuvo algunos inconvenientes al momento de desplazarse por el área metropolitana, ya que todavía no existe una permisología que regule el funcionamiento de esta clase de negocios ni tampoco lugares apropiados en las calles de Cúcuta para estacionarse y ofrecer sus productos.
Por eso, decidieron situarlo en uno de los sitios con mayor crecimiento gastronómico: la Bahía Pinar del Río (Vía a Los Patios). Aunque se perdió el sentido original, que es el de la movilidad, Rolling y Garden han conseguido fidelizar a los clientes, gracias a una buena propuesta gastronómica y su atención personalizada. “Esto permite al comensal interactuar con nuestro chef o nuestro bartender, que es algo que no se consigue en un carro callejero convencional”, señaló Moros.
El público juvenil, caracterizado por buscar nuevas y divertidas experiencias culinarias, a un precio asequible, fue al que apuntó acertadamente este modelo de negocio cucuteño, el cual se apega a una nueva tendencia en el mercado llamada ‘complex lives’, que hace referencia a las nuevas necesidades de consumo de los seres humano: comer por fuera en espacios como parques y restaurantes al aire libre.
Modelo imparable
En un reciente trabajo publicado por la revista Dinero, el acondicionamiento de estos carros es otro negocio que crece de la mano. En dicho informe, Andrés Restrepo, directivo del Grupo Industrial Zingal, dedicado a la fabricación de cocinas industriales, aseguró que en lo recorrido del 2017 se ha registrado un crecimiento importante en el volumen de pedidos para acondicionar este tipo de vehículos.
Según Restrepo, la dotación de este tipo de espacios, en donde se requiere como mínimo una parrilla, una freidora, una nevera y una mesa de trabajo, puede costar entre $30 millones y $100 millones, según las necesidades de los clientes.

Periodista. Escribir, viajar y escuchar música, placeres que mueven mi mundo.